introducing me

Yo no he decidido que los domingos sean melancólicos y que no me guste el verano, yo no he decidido ser una chica de invierno que busca y da abrazos siempre que puede.
No puedo dejar de ser extraña, de ir a contracorriente, de perderme entre cualquier atisbo de sonrisa.
Y lo siento pero hoy no puedo aguantar las ganas de llorar.

sábado, 11 de diciembre de 2010

El mundo, la normalidad, te obliga a salir y a reír con los demás, a aparentar una felicidad que se esfumó como el frío del invierno, como el olor a jazmín de la primavera. Pero yo no soy normal. Entonces en esta época del año todos se dan cuenta. Cuando supuestamente mi piel no soporta el sol, ni mi presión la baja humedad. Cuando yo me encierro, mientras todos los otros sienten libertad, quedo el descubierto. Como si un Edward extrañamente feo y malogrado se expusiera bajo el sol. Mi piel en vez de brillar, se quema, se derrite. La luz del verano solo me deja expuesta a la verdad. Todas las desgracias se juntan en los días de vacaciones. Siempre, cada año, la mala suerte me acecha, el amor se aparta de mí, mis amigos me son indiferentes.
¿Por qué voy tan descompaginada con el mundo que hasta mis días de tristeza no logran encajar en el momento adecuado?
¿Por qué nací en este país donde el calor se hace notar?
Dios: ¿no te diste cuenta que hubiera vivido mejor en Austria, Weimar o Dinamarca?
Yo quiero un invierno constante, es ahí a donde pertenezco, donde me siento cómoda. En un eterno frío y gélido invierno.

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En el verano se va, pero no vuelve con el frío. El calor se lo lleva, pero la lluvia no lo trae de vuelta. Cada año es peor, se lleva lo poco que me había dejado.


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