Todo empezó en el coche camino a algún lugar. Durante parte del trayecto leí una revista en la que había varias fotografías de una mujer muy joven que, o bien sufría una grave enfermedad o bien tenía un importante trastorno alimenticio (lo que viene a ser lo mismo, por supuesto); en cualquier caso, no existe otra explicación para tener un cuerpo así. Por mucho que diga que está ocupadísima y que tiene el metabolismo más rápido del mundo (¡hurra! ¡otro kilo menos!) su estómago cóncavo, sus costillas protuberantes y sus brazos como palillos no engañan a nadie. Esta chica necesita ayuda pero, en el mundo en el que vivimos, acaba en la portada de todas las revistas. Leí la entrevista con todos esos pensamientos rondándome por la cabeza y acabé por apartar la revista con una fuerte sensación de horror.
Pero a poco de bajar del coche, volvió a presentarse ante mí la cuestión de las chicas muy delgadas. Estaba charlando con un amigo y, por alguna razón, surgió el tema de una chica que él conoce a la que algunos encantadores compañeros de clases llamaban "gorda". "Pero", me decía mi amigo, con perplejidad no disimulada, "es que en realidad no está gorda en absoluto".
"Gorda" es lo primero que una chica le dice a otra cuando quiere hacerle daño de verdad, le dije yo, recordando mis tantas experiencias en el colegio. Pero para él, un hombre con la cabeza bien amueblada, este comportamiento era pura y simplemente ridículo, como llamar "tonto" a Stephen King.
Su incredulidad ante este rasgo tan habitual de las mujeres me recordó lo extraño y cruel que es este insulto: "gorda". ¿Es que ser "gorda" es lo peor que pueda pasarle a un ser humano? ¿Es que es peor ser "gorda" que "vengativa", "celosa", "superficial", "creída", "pelma" o "cruel? Desde luego, para mí no, pero tal vez responderás, ¿y yo qué sé de las presiones que sufren muchas mujeres para estar flacas? Al fin y al cabo, soy una escritora y utilizo mi cerebro para ganarme la vida: no estoy en el mundo en que a una la juzgan por su aspecto. Esa misma noche fui a un boliche y, al salir de el a las tres de la mañana, me encontré con una mujer a la que no había visto desde hacía casi tres años. ¿Qué fue lo primero que me dijo? "¡Estás mucho más delgada que la última vez que te vi!" "Claro", le dije, un tanto desconcertada, Lo que me habría gustado decirle es: "desde la última vez que nos vimos he viajado por todo el mundo y he escrito sexta novela. ¿Es que ninguna de estas dos cosas te parece más importante o interesanta que mi peso? Pero no, ni viajes ni palabras: tengo la cintura más delgada ¡y eso sí que es para celebrarlo! Al día siguiente, mientras volaba a Estrasburgo, con el tema de la delgadez aún dándome vueltas en la cabeza, abrí un diario y de inmediato me fijé en un artículo sobre la cantante de pop Pink. Su "Stupid Girls" es el antídoto perfecto para todo cuanto había estado pensando sobre las mujeres y la delgadez. "Stupid Girls" es una sátira contra los modelos que se imponen a las chicas, esas famosas cuyo mayor logro es mantener las uñas perfectamente esmaltadas y cuya única aspiración es ser fotografiada nueve veces al día con distinta ropa, cuya única función en el mundo parece ser apoyar el comercio de bolsos increíblemente caros y de perros del tamaño de ratas.Tal vez todo esto resulte gracioso o trivial, pero no lo es. La cuestión de fondo es qué es lo que quieren ser las chicas, cómo se les dice que tienen que ser y cómo se sienten con su cuerpo y su persona. Yo tengo 16 años y voy a tener que abrirme camino en este mundo obsesionado con la delgadez, y me preocupa, porque no quiero ser una cabeza hueca obsesionada con mi físico, clones de otras muchas chicas obligadas a adelgazar hasta el extremo; prefiero que ser independiente, interesante, idealista, original, divertida y con opiniones propias, mil cosas antes que simplemente "delgada". Y, con toda sinceridad, me gustaría que les importase un excremento de chihuahua si la mujer con la que hablan tiene las rodillas más rollizas que ellas. Ojalá yo sea como Hermione en lugar de como Pansy Parkinson. Ojalá nunca sea Stupid Girl. Fin del discurso.

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