Cuando escuchaba que la gente que estaba decaída, adelgazaba, pensaba que no tenía absolutamente nada que ver. Y ahora me encuentro acá sentada sin siquiera tener ganas de comer.
Ya no escucho las canciones que me gustan, porque todo entra por un oído y sale por el otro. Todo excepto tus frases que se quedan haciendo eco acá adentro y no me dejan escuchar a nadie más.
Yo no quiero habitaciones solo para mí. No quiero el silencio tranquilizador. No quiero llevarme bien con la soledad. No quiero más Paris, como me gustaría estar en este momento sintiendo ese olor a laguna que tanto odio.
No puedo terminar esto que vengo escribiendo hace días, cada día agregando tan solo un párrafo más que no logra encajar con lo anterior ni tener significado propio.
Pero no hay nada que quiera terminar. Sabina me enseñó que mientras pueda agregarle a este punto final dos puntos suspensivos, el amor no termina, sigue vivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario