introducing me

Yo no he decidido que los domingos sean melancólicos y que no me guste el verano, yo no he decidido ser una chica de invierno que busca y da abrazos siempre que puede.
No puedo dejar de ser extraña, de ir a contracorriente, de perderme entre cualquier atisbo de sonrisa.
Y lo siento pero hoy no puedo aguantar las ganas de llorar.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Esos abogados que todos tienen solo porque necesitan, pero preferirían no tener. Esos honorarios que siempre, siempre, van a ser demasiados caros, porque bajo ninguna circunstancia los servicios quieren ser solicitados. Esa ayuda que representa salir perdiendo seguro. La abogacía representa la salvación a través de las mentiras y las verdades muy incompletas. Los abogados son inconformistas, no le temen a nada, ni siquiera a la deshonra. Aman los idiomas extraños, las frases indescifrables, lo que nadie lee, las letras chicas. En la vida a veces se gana y a veces se pierde, pero siempre se gana algo: un honorario. Los abogados no van al paraíso, dicen, están condenados al infierno por las inmensas condenas que ellos pidieron en la tierra una y otra vez. Un abogado no perdona, no olvida.
Me preguntó con tono despectivo, sarcástico, en una ofensa disimulada irónicamente “Vos vas a ser abogada?” Y yo contesté, orgullosa de mi orgullo “Sí”. “Entonces serás una muy buena abogada”. Sólo sonreí, pero lo sé. Nací para ser esa clase de escoria. El mal camino es mi camino correcto.

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